La soñadora

Nací en Bolivia y viví ahí hasta los 17 años, hice la primaria y secundaria con relativas buenas notas, no porque fuera aplicada, ni mi principal motivación era la de ser la chica de las mejores notas, sino, porque es lo que te dicen que hace feliz a tus padres y a ti te prepara para el futuro y lo es, en parte. Siempre fui de soñar con conocer muchos lugares, poder viajar  por todo el mundo, aprender cosas nuevas, y mas, así que, si tener  buenas notas y ser responsable en la escuela te ayudaba a cumplir tus sueños ¿porque no hacerlo?.

Termine el secundario, no siendo la mejor de todos pero para mí bastante responsable era jaja, en cuanto llego la hora de ir a la universidad decidí ir a la Argentina.

Desde pequeña  desee ir a estudiar para la Argentina, y siempre se los comentaba a mis padres, no había nada más que me encantara y entusiasmara que vivir en otro país, así que con el sacrificio de mis padres se cumplió mi deseo. Hicimos todos los tramites que debíamos y para antes de fin de año del 2009 ya estaba aceptada para entrar, iba estudiar Lic. En kinesiología y Fisiatria.

Aprender el valor

Ese verano antes de que empiecen las clases de la universidad trabaje con mi hermana en Tucumán, Argentina. La universidad daba un plan de trabajo en el cual debíamos vender libros de salud y dependiendo la cantidad de ventas podías hacer media o beca completa y así ayudar con tus gastos de estudio.

Mi hermana mayor ya estaba en Argentina hace un año estudiando, por lo cual ese veranos trabajamos juntas, el equipo constaba de 7 chicas en total contando conmigo.

Esa campaña fue la primera vez que me mantuve por mí misma, pagar el alquiler, servicios, comida, y la verdad no fue fácil, recuerdo comer arroz y fideo con salsa  la mayoría de los días, salir temprano a trabajar en modo automático, caminar debajo del sol muerta de calor y querer que pase rápido enero y febrero para así ir a la Universidad.

Recordar para aprender

Años después me rió de todas las experiencias que pase en ese pueblito de Tucumán, y aun mas de las dificultades, esa experiencia no solo me ayudo a valorar las cosas, sino también a darme cuenta de que no quería vivir en modo automático cada mañana y desde entonces me imagino el futuro con todas las cosas que quisiera lograr y me recuerdo allá en el pueblito de Tucumán, recorriendo las calles, ahorrando cada centavo, recordando lo valiente que podemos ser cuando queremos.


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